Maratón de Barcelona '17

12/03/2017

Está claro que cada maratón es distinto. Ni haciendo la misma carrera un año después, no se vive una experiencia por igual.

 Este año, todo ha sido distinto ya desde el primer minuto: 42 sillas de ruedas empujadas por unos 170 amigos y voluntarios multiplicaban el éxito de la ya numerosa participación de discapacitados del año pasado. Aún más. Este año, la madre de Atena venía a correr el maratón entero: su primer maratón!

El ambiente era genial, como siempre. Más de 20.000 personas en la salida. Y empieza la carrera. Nos ponemos delante enseguida y marcamos un ritmo cómodo pero alto. Sin embargo la madre queda atrás, a su propio ritmo, antes del 2º km. Atena y yo continuamos solos. Hasta el km 5 no nos avanzan los keniatas, gacelas inalcanzables. En poco tiempo, el Camp Nou, nos encontramos unos franceses con una Torre Eiffel. No sé de dónde han salido, diría que se han enganchado a la carrera en ese punto.

La carrera continúa muy bien. Pasamos por el km 10 en 40 minutos. Por el medio maratón en 1 h 22 minutos. Por los 30 km en 1 h 55 minutos. A este ritmo podríamos hacer el maratón en menos de 3 h. Sería un gran éxito. Sobretodo porque pocos días antes había sufrido una contractura en el gemelo y sorpresivamente me encontraba muy bien. Ni rastro de la contractura ni de sobrecarga.

En dos ocasiones nos habíamos cruzado con la madre. En la Meridiana y en la Diagonal. En ambas ocasiones nosotros bajábamos, ella subía. Gran alegría en el saludo.

 Llegamos al frente marítimo y las piernas empiezan a pesar. Es normal. Pieno en comer algún gel pero nunca consigo hacerlo bien: se me hace un nudo en la garganta, necesito agua para tragar y prefiero no comer y seguir adelante. Mala decisión.

Km 34. No estoy bien. Me falta fuerza y reduzco mucho el ritmo. Km 35, me paro. Necesito agua, aire. Arranco de nuevo. Atena preocupada. Yo aún más. No encuentro fuerzas para rebelarme. No tengo humor para hacer bromas, las bromas habituales entre Atena y yo. Las piernas no pueden. La cabeza no tira cuando ha llegado su turno. Km 38, Via Laietana. Llano y cuesta abajo. Las piernas no pueden seguir el ritmo de la silla. Necesito oxigeno. Parece que no ventilo bien. Me paro. ¿Solo quedan 4 km y no soy capaz de revolucionarme? Esto no pinta bien. A la mierda las 3 horas.

Vuelvo a arrancar. Paseo marítimo, Colón, Paral·lel. Voy tan despacio que Atena hace toda la cuesta arriba del Paral·lel prácticamente sola, empujando las ruedas, viendo que yo no puedo. Suerte tengo de ella. Me lleva hasta arriba, hasta la meta. Pero mi cabeza no está lúcida: ni me acuerdo de la GoPro n veo a mis otros hijos animándonos. Un corredor me ve tan mal que nos ayuda en los últimos 150 metros. Cruzamos la línea de meta en 3 h 15 minutos. Mejor que el año pasado. Pero no 3 horas. Tal vez 5 maratones en 364 días han sido demasiados. De vez en cuando, la cabeza necesita un descanso para afrontar nuevos retos. Pero es que cuando ves a Atena tan feliz… hacemos lo imposible.

Al cabo de pocos minutos, cuando aún intentábamos respirar, sentados en un banco, llega la madre. Eufórica. Lo ha logrado: su primer maratón! Y sólo en 3 h 29 minutos!! Gran Maratón!