Maratón Martin Fiz de Vitoria-Gasteiz

26/09/2017

Después del mal final que sufrimos en la Marató de Barcelona 2017, la lección parecía clara:

Después del mal final que sufrimos en la Marató de Barcelona 2017, la lección parecía clara: demasiados maratones seguidos acaban quemando la resistencia mental y la maratón es una prueba de resistencia mental más que muscular. Después de 30 km a ritmo de récord personal, me encontré con el famoso “muro”: la caída en el ritmo de la carrera había sido excesivo; la llegada a meta, exhausto, no fue eufórica como tiene que ser siempre que se termina un maratón. Por lo tanto, o bien cancelábamos el Maratón de Vitoria, a dos meses vista, o bien nos lo tomábamos con mucha tranquilidad. Y eso fue lo que hicimos: dos semanas de reposo y cinco de entrenamiento suave, relajado, buscando de nuevo el placer de correr por correr, sin objetivos autoimpuestos.

Y así nos presentamos al Maratón Martín Fiz de Vitoria-Gasteiz. Sin exigencias, intentando reencontrar la alegría y la euforia del hecho de hacer un maratón.

Y el día empezó extrañamente caluroso. Y digo extrañamente porque no nos esperábamos tanto calor a las ocho y media de la mañana. ¿Más de veinte grados? Bien podía ser. Y ni una nube en la tierra del xirimiri. Casi que no era necesario calentar. En cualquier caso, nos situamos en la zona de la salida con los corredores que seguirían el globo de 3 h 30 minutos. El plan era empezar despacio, sin querer avanzar a nadie, yendo juntos con la madre de Atena, la cual nos acompañaría hasta el km 17, a partir del cual ella iría por la ruta del Medio Maratón.

Y la verdad es que esta vez lo hicimos muy bien. El recorrido era totalmente llano y esto favorecía un ritmo alto, pero no, esta vez conseguimos ir juntos, al mismo ritmo, sin acelerarnos. Y fue muy bonito. Atena podía hablar con su madre ya que conmigo no hay tanta conversación y la madre no tuvo que ir sola como había pasado en el Maratón de Barcelona. Y así, tal y como queríamos, hasta el km 17, momento en el cual nos separamos. A partir de ese punto continuamos aunque al mismo ritmo. El cansancio no aparecía y tampoco era tan mal ritmo ya que de mantenerlo podíamos completar los 42 km en menos de 3 h 20 minutos. De hecho, el medio maratón lo superamos en 1 h 39 minutos, un minuto más que la madre de Atena que acababa su Medio Maratón casi simultáneamente. Y, lo mejor de todo, disfrutábamos de la carrera. Rodeados de corredores que seguían ritmos similares, ahora nos avanzaban, ahora los avanzábamos, perno no nos alejábamos mucho los unos de los otros.

Sin embargo, poco a poco, iban cayendo los km y los grupos se enfilaban. Y llegamos al famoso “muro” sin problemas. Con el precedente de Barcelona no las teníamos todas con nosotros, pero no, esta vez el ritmo había sido un punto más suave como para llegar al km 30-32 sin incidencias. Excepto por el calor, el cual, como gota malaya, nos iba deshidratando poco a poco, silenciosamente, con muy mala intención. Pero aún no lo notábamos.

 Por el contrario, nos animamos mucho cuando descubrimos que Atena ya era la 4ª clasificada en la categoría de mujeres y que teníamos a nuestro alcance la 3ª. Efectivamente, a unos 200 metros veíamos la bicicleta con la banderita de “3ª mujer” y una chica a su lado. Suavemente pero con constancia la alcanzamos y la adelantamos. Y al cabo de poco vimos la bicicleta con la banderita de la “2ª mujer”. También a nuestro alcance. Ya íbamos por el km 35 y nos encontrábamos bastante bien. Poco a poco fuimos acercándonos y hacia el km 38 la rebasamos. Atena, en esos momentos, era la 2ª mujer en carrera!

Pero el enemigo silencioso de aquel día, la deshidratación, acabó por provocarnos un leve descenso en nuestro ritmo de carrera y en un par de km nos volvieron a pasar la 2ª y la 3ª mujeres.

De todos modos, la llegada a la meta fue genial: los hermanos pequeños de Atena y su primo salieron de entre el público para correr los últimos 100 metros a su lado. Y ella se puso tan contenta que, una vez más, valió por todos los maratones del mundo, todos los esfuerzos del mundo.

Y al final, 3 h 25 minutos. No está nada mal para el poco entrenamiento realizado. Aunque tal vez haya llegado el momento de descansar un poco…